domingo, 11 de noviembre de 2007

Cenar en Pekín (I)

Las guías de viajes suelen reseñar el gran número de restaurantes que existen en Pekín. Nos comentan incluso que muchos pekineses no comen habitualmente en sus casas, sino en alguno de los variados locales cercanos a sus domicilios o trabajos. Un pequeño paseo —apenas unos minutos— por la calle en la que se encuentra nuestro hotel basta para verificar lo expuesto en las guías: no menos de ocho restaurantes antes de llegar al final de la manzana, desde un local sencillo (una casa de comidas estrecha donde se apiñan los vecinos) hasta elegantes establecimientos de estilo europeo que atraen a los huéspedes del cercano hotel.

Finalmente, nos decantamos por un restaurante de cocina coreana. Además de un excelente trato por parte del personal, pudimos probar kimchi, carne marinada a la plancha, anguila y langostinos a la plancha. Todo ello exquisito. Llama la atención a nuestros ojos occidentales la preparación de los langostinos que, como en los mejores restaurantes, llegan a la mesa con el cuerpo pelado aunque conservando la cabeza y la cola.
Dentro del hotel Asia Beijing en el que nos alojamos se encuentra un original restaurante especializado en pescados y mariscos. Su nombre es Old Dock. Lo más llamativo del local es, sin duda, las cuatro barcazas que flotan en un pequeño estanque en el centro del establecimiento. En su interior hay dispuestas mesas para el servicio de los clientes. Hay otras mesas convencionales —la mayoría— pero, obviamente, nos atraen las barcas y reservamos una de ellas. Entrar en ellas es, literalmente, embarcar y durante toda la comida la mesa-barca se mece dulcemente sobre el estanque, impulsada cada vez que el amable camarero sube a bordo para el servicio.La carta es tremendamente variada. Afortunadamente, nuestro camarero, que se presenta como James, no duda en explicarnos, con paciencia y tranquilidad, cada plato, recomendando los que están en temporada. El resultado final es una cena irrepetible. Comenzamos con una “sopa de aleta de tiburón” que solo puede calificarse de exquisita. El sabor y la textura son completamente diferentes de cualquier otro sucedáneo que hayamos podido ver en Occidente. Llamarlo sopa quizá no sea del todo correcto, ya que el ingrediente principal abunda tanto o más que el liquido. La consistencia de la ¿carne?, muy tierna, se complementa perfectamente con los aditamentos (“salsa marrón”) de la sopa. Se presenta en la mesa sobre un infiernillo que la mantiene caliente.El plato con mayúsculas de la cena es un pescado que la carta identificaba como “trucha de arrecife de coral”. Tras presentarlo a la mesa aun vivo, fue preparado al vapor y acompañado con una deliciosa salsa. Estaba en su punto, con una carne de delicada textura que se separaba fácilmente de la espina y un sabor extraordinario que no soy capaz de comparar con ningún otro pescado que haya probado antes.Tomamos también un plato de ternera, suave y tierna, que combinaba perfectamente con el arroz hervido, unos suculentos “dados de hígado de oca a la pimienta y el ajo” (especie de foie fresco con verdura) y unas hortalizas, recomendadas por nuestro eficiente camarero, de cierto parecido con los puerros y aliñadas de una forma semejante a la española. Tal como es costumbre en China, acompañamos la comida con té. En este caso, de la variedad Oolong, una de las más apreciadas.Lo exquisito de la comida, espléndidamente emplatada y presentada, y el esmerado servicio convirtieron esta cena en una de las mejores experiencias de nuestro viaje a China. Eso sí, advertimos a los viajeros que el Old Dock es un restaurante caro, con precios occidentales muy alejados de lo habitual en China.

3 comentarios:

Guillermo dijo...

Sin duda una de las mejores comidas que he disfrutado en mi vida. Una experiencia irrepetible y que recordaré siempre. Y me gustaría recalcar lo excelente del trato por parte de todo el personal y de James en particular. Considerando además la dificultad que entraña el atender una cena en una barca. Duôxiè.

lrn dijo...

ayssss... qué recuerdos... pero aunque no os lo creáis, uno de los platos que más a menudo me vuelve a la cabeza son aquellos noodles al estilo de Fuzhou (con salsa de cacahuetes) que comimos en la provincia...
en fin, la verdad es que no hubo ni un día que comiéramos mal durante ese viaje. Fue todo un privilegio. Incluso aquel día que nos metimos en aquel restaurante en uno de los laterales de la ciudad prohibida. recordáis? el de la mesa pegajosa... y los baños indescriptibles...;-) incluso allí comimos bien y al final nuestros sistemas digestivos sobrevivieron... jeje

James dijo...

De nada...

:-D