lunes, 10 de abril de 2017

Liga Hanseática I: Hamburgo y Bremen

En esta nueva entrada sobre Alemania seguiré un mismo hilo conductor, el de la Liga Hanseática, que era un acuerdo comercial y defensivo entre ciudades del norte de Alemania principalmente, algunas de las cuales he podido conocer recientemente.

Empezaré por la Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo, donde aterricé procedente de Madrid. Lo que más me ha llamado la atención de esta hermosa ciudad es su historia, plagada de desgracias y superaciones y de cómo ha llegado a ser una de las ciudades más importantes de Alemania.
Geográficamente, se localiza en la confluencia del río Elba, Alster y Bille, formando también una gran cantidad de canales. Como estuvo fortificada, el río Alster se dividió en dos, el interior o Binnenalster y el exterior o Außenalster, que actualmente son dos lagos que forman parte de la vida natural de la ciudad. Tiene el puerto más grande e importante de Alemania a pesar de estar a más de 100 Km del Mar del Norte, lo que le ha llevado a tener una riqueza comercial destacable.

En cuanto a la historia, es bastante interesante a la vez que extensa; ocupaciones, incendios y guerras han provocado que la ciudad disminuyera en cuanto a población y poder adquisitivo, pero sin embargo, a pesar de las adversidades ha conseguido levantarse una y otra vez hasta alcanzar la importancia de hoy en día. Un punto de inflexión fue el "Gran Incendio", que durante cuatro días en 1842 arrasó un tercio de la ciudad, destruyendo iglesias como la de St Nikolai. Este incendio se originó en la calle Deichstrasse, en un antiguo almacén de tabaco. Para evitar perder el género, los propietarios sacaron todo a la calle, y los vecinos decidieron hacer lo mismo, así que cuando llegaron los bomberos no pudieron acceder, a lo que hay que sumar el viento que habitualmente azota la ciudad. Otro acontecimiento importante fue la Segunda Guerra Mundial, en la llamada Operación Gomorra, de la que salió profundamente desvastada. Tras ello, quedó bajo el poder británico, de ahí que muchos edificios reconstruidos nos recuerden a ese estilo arquitectónico. Desde la reunificación alemana, Hamburgo ha podido recuperar ese estatus como un auténtico ave fénix (que puede verse en la fachada del Ayuntamiento).

La gran suerte es que se puede recorrer toda la ciudad andando. Inicié el paseo desde la Hamburg Hauptbahnhof, una de las cuatro estaciones centrales de tren que tiene la ciudad. Justo al lado de la estación está la Hamburguer Kunsthalle, la galería de arte contemporáneo, y siguiendo al norte se localiza la Catedral de St Mary.


Otra zona menos visitada es el Neustadt, donde podemos dar un agradable paseo por el Planten un Blomen, el Alter Botanischer Garden o el Wallanlagen. En esta zona encontramos la Laeiszhalle o el Museo de Historia de Hamburgo hasta llegar al Memorial de Bismark, limítrofe al barrio de St. Pauli.


Hacia el centro histórico no podemos dejar de ver la Iglesia de St Michaelis, que tiene el reloj de campanario más grande de Alemania; además, a las 10.00 y las 21.00 suena el reloj. Es recomendable visitarlo al atardecer para ver desde allí la ciudad con colores anaranjados. Y de ahí callejeando hasta la zona de Rödingmarkt, paseando entre canales y entrando en la zona antigua o Altstadt.


La Iglesia de St Nikolai es un punto de referencia, durante unos años fue el edificio más alto del mundo. Actualmente en obras, no se va a reconstruir, se va a dejar la torre y los cimientos, y en un lado, una escultura de un niño llorando que representa la tristeza del desastre. Cerca de esta Iglesia se encuentra el puente de Trostbrücke, que era el último punto de encuentro de las familias que se despedían de los prisioneros que iban a ser juzgados en la plaza.


El centro neurálgico de Hamburgo es la plaza del Rathaus o Ayuntamiento, un edificio de decoración neo-renacentista en cuya fachada se representa gran parte de la historia de la ciudad, con su escudo y las esculturas de los emperadores. En la parte de atrás se encuentra la Cámara de Comercio, que tiene un patio espectacular.


Como he dicho, es una gozada pasear por la ciudad, pero para conocer un poco más sobre la historia y el patrimonio, decidí sumarme a una visita guiada en la que nos iban explicando perfectamente todo a lo largo de tres horas, que se nos pasaron volando. El punto de partida es la plaza del Ayuntamiento. Desde aquí, nos dirijimos a la cercana y medieval Iglesia de St. Petri (aunque casi nada queda de la original) y St. Jacobi (importante acceder al interior y ver el órgano) para ir más adelante hacia las Kontorhaus como Chilehaus, Sprinkenhof, Mohlenhof, etc., que son una serie de edificios de oficinas, sobre todo de grandes navieras que surgieron en Hamburgo y cuya arquitectura es única. Fuimos cruzando hacia la ciudad almacén, pero no sin antes visitar la Iglesia de St. Katharinen.


Dentro del barrio de Hafen City, está la denominada ciudad almacén o Speicherstadt, que era la zona donde se almacenaba, y aun se almacena, parte de la mercancía que circula por el puerto de Hamburgo. Son edificios de ladrillo que tienen acceso tanto por tierra como por mar. Esta parte de la ciudad fue construida porque el puerto norte de Hamburgo tenía que pagar unos impuestos y para quedar exentos de ellos, se decidió construir uno al sur de la ciudad. Es un reclamo turístico muy importante y actualmente está siendo revitalizado. Está declarado Patrimonio de la Humanidad desde 2015. En un extremo, en el antiguo almacén del káiser, se localiza la Filarmónica del Elba, un impresionante edificio de reciente inauguración que tiene la mayor capacidad de espectadores del mundo, casi 3.000 personas.


Y hasta aquí el gran paseo, por tiempo no pude visitar el interior de algunos monumentos ni subir por ejemplo al mirador que hay en la Elbphilharmonie, que al atardecer tiene unas vistas espectaculares al puerto y al Elba, con todas las luces de los muelles y los barcos. Sin duda, Hamburgo es una gran ciudad para visitar, conocer y, sobre todo, recorrer cada rincón, pues todo ello está rodeado de historia.

Por otro lado, aprovechando que la Ciudad Libre Hanseática de Bremen está a poco más de una hora en tren (95 kms), decidí pasar uno de los días allí y conocer la ciudad de los "Trotamúsicos" (me encantaban los dibujos cuando era pequeña). Por 23€ hay una oferta de billetes regionales en el que puedes montar en todos los trenes que necesites en un solo día, es el que compré para ir a Bremen. El recorrido en tren es una gozada, aquellos paisajes son bien diferentes, al principio pequeños pueblos y casitas cercanas a la urbe, pero luego se ven grandes campos y bosques en los que pude ver incluso algún corzo (o similar) cerca de las vías.
Sobre su historia, a la Hansa ha ido y venido en varias ocasiones debido a problemas comerciales con el resto de ciudades de la Liga. Su riqueza también deriva en parte del comercio generado en su puerto fluvial del río Weser, que desemboca 70 kms más abajo en el Mar del Norte.

En la misma estación de tren hay una oficina de turismo, allí me informé sobre más cosas para visitar y me dieron un plano de la ciudad. Lo cierto es que aunque Bremen sea una gran ciudad de más de medio millón de habitantes, todo el casco histórico se puede visitar perfectamente en un día.
Bajando por la calle de la estación se cruza el puente de Herdentor y se llega a la zona peatonal, el Altstadt. A lo largo de la ciudad puedes ir encontrando esculturas, huellas, etc. relacionadas con Los Músicos de Bremen, del cuento de los Hermanos Grimm.
Lo primero que se ve cuando llegas al punto neurálgico de la ciudad es la Iglesia de Nuestra Señora, la más antigua de Bremen. Y detrás de ella el Ayuntamiento, un edificio precioso, casi de cuento que, de hecho, es Patrimonio de la UNESCO desde 2004, con una fachada impresionante de estilo del Renacimiento Weser. En el lado oeste está la famosa escultura de los Músicos de Bremen, en la que todo turista se hace la foto más famosa de la ciudad. Detrás está la Bodega del Ayuntamiento, que sólo es visitable los viernes, allí se puede ver la mayor colección de vinos alemanes del país. Si no coincide ese día de la semana, siempre puedes bajar al Restaurante Ratskellery y ver las enormes cubas.



En la cara oeste de Marktplatz se encuentran unos edificios emblemáticos como son la Caja de Ahorros, la Farmacia del Ayuntamiento y Akzise junto con la Casa de Alemania. Y justo enfrente el Parlamento o Bürgerschaft, un edificio vanguardista que dio que hablar en su construcción.


Otro elemento destacable en esta plaza es la Estatua de Rolando o estatua de la Libertad que es símbolo del derecho y de la libertad desde 1404. En la misma plaza también está el Schütting, actualmente Cámara de Comercio, fue la casa del comercio desde 1537. Y prácticamente al lado una de las calles más famosas, la Böttcherstaße, con una serie de edificios expresionistas de los años veinte. Aquí se puede encontrar un gran carrillón, museos, tiendas de regalos y locales de restauración.



Al final de esta calle se encuentra la Iglesia de St. Martini, que es comienzo también del paseo marítimo Schlachte en el que, a lo largo de la ribera del río, hay decenas de locales en los que descansar, incluso al aire libre mientras se ven pasar los barcos que se dirigen hacia Bremerhaven.


Otra zona indispensable que visitar es el pintoresco Barrio de Schonoor, el más antiguo de la ciudad, en el que se conserva parte de las edificaciones tradicionales y típicas de la ciudad. Hay que perderse recorriendo sus callejuelas y entrando en las pequeñas tiendas que hay, negocios de artes y oficios que no se encuentran en otras grandes ciudades.


Por supuesto, no hay que olvidarse de la Catedral de San Pedro, un templo que ha sufrido guerras e incendios hasta que finalmente ha sido restaurada en los años 80. Me llamó mucho la atención la fechada, las torres tienen un montón de arcos como decoración y las puertas me resultaron bastantes pequeñas en comparación con la gran superficie de fachada. Pero sin duda, edificio que admirar, de estilo románico y gótico con esos pináculos verdes tan famosos de esta zona.


En todas las poblaciones con río hay que aprovechar para dar un paseo por la ribera, en este caso, se puede recorrer el Stadtgraben por tranquilos senderos. Desde la Kunsthalle y el Teatro de Bremen, que está en la plaza Goethe, fui recorriendo estos caminos, en los que te puedes cruzar con personas haciendo deporte. Paseando, encontré el Mühle am Wall, un molino de viento que actualmente es un café-bar y que conserva la estructura perfectamente. Casi al final del paseo me detuve a visitar la Iglesia de St. Stephani, que está cerca del edificio de Radio Bremen.



También se puede dar un paseo por la zona comercial, que gran parte está dentro de largos pasajes, nunca viene mal cuando el tiempo no acompaña.
Una vez visto todo lo que tenía en la lista de cosas imprescindibles, vuelvo hacia la estación. En la parte de atrás están el Palacio de Congresos y el Bremen Arena (pabellón multiusos).
Sin duda, un día en Bremen es obligatorio, recorrer Schonoor y conocer el Ayuntamiento y la Catedral me ha encantado, pero el día se acaba y hay más viaje por delante, pero eso en la próxima entrega.

sábado, 28 de enero de 2017

Unos días por Jaén

Hace un tiempo tuvimos ocasión de conocer esta gran ciudad. Sí, una gran ciudad histórica, ya que fue la capital del Santo Reino. Jaén es, como indica su escudo, "Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda y Defendimiento de los Reynos de Castilla". Podemos dar constancia de ello recorriendo sus empinadas y estrechas calles, visitando su Catedral, o numerosos monumentos que nos lo recuerdan, como su castillo.
Comenzamos nuestro periplo en Madrid. Viajamos en bus durante cuatro horas con una pequeña parada técnica para almorzar, se nos pasó muy rápido. Hacía mucho que no hacía un viaje de estas características. A mí lo que me gusta de los viajes en bus es ver cómo cambia el paisaje, no me canso de mirar por la ventana. Pasamos de una gran ciudad, con sus áreas industriales, a la meseta de Castilla La Mancha, con sus grandes y extensos campos de viña y cereal.

Pero fue llegar al Parque Natural de Despeñaperros cuando empezó a cambiar la cosa. Al otro lado del túnel nos esperaba todo un bosque de pinos, enebros, etc. estaba todo verde y ¡precioso! Sin duda a la próxima, habrá que hacer algo de senderismo por aquí. Nos quedaba una hora para llegar al destino y pronto nos dimos cuenta de otro cambio de paisaje. Pasando Bailén ahora todo lo que se veía era olivos y más olivos. Cerca, lejos, a un lado y al otro, todo lleno de filas y filas de olivos, una pasada. 
En la estación nos estaban esperando nuestros amigos, está genial tener unos guías locales como ellos.

Lo primero que hicimos fue visitar la Cooperativa San Juan, la principal almazara de la ciudad y de la provincia. Allí hicimos apetito y fuimos a comer. Nos tenían preparado, entre otras cosas, el plato estrella de la gastronomía típica, la pipirrana, que es una rica ensalada de tomate.
Esa misma tarde subimos al Castillo de Santa Catalina. El precio de la entrada eran 3,50€. Se trata de una gran fortaleza en la que se pueden visitar todas sus torres, y gracias a sus audiovisuales y sus paneles puedes hacer una visita rápida pero muy interesante. Desde lo alto del cerro se tiene una gran vista de la ciudad, sobre todo saliendo hacia lo alto de la cruz. Junto al Castillo se construyó en los años 60 el Parador Nacional, aunque parece que sea parte del castillo, en realidad no es así. No tardamos en entrar y ver el interior mientras tomamos un café.


Cuando bajamos fuimos directamente a conocer la parte nueva de la ciudad, un gran parque junto al boulevar. Y antes de cenar, teníamos preparada una visita nocturna un tanto especial.
Partimos esta visita en la Iglesia de San Ildefonso. Cláritas es quien se ocupa de este tipo de visitas (entre otras muchas) y por un precio de 10€ hicimos un recorrido de dos horas por la ciudad. Nuestro "Paseo de ultratumba" fue espectacular. Entramos a las catacumbas de San Ildefonso, la plaza de la Catedral, el Callejón del Duende, el Callejón y Plaza de la Merced, el Arco de San Lorenzo, el Refugio antiaéreo y la Plaza de San Bartolomé con su Casa del Miedo. En cada parada nos iban contando historias un tanto inquietantes. Pero nos gustó muchísimo, totalmente recomendable. Para acabar, entra una consumición en Los Barriles. Y como es Jaén, bebida y tapa gratis. Así, sí.


Pero se nos había hecho un poco tarde y decidimos ir a El Calentito a probar un flamenquín tamaño XXL y unas croquetas muy ricas.
Para ir entrando en contacto con la noche jienense, fuimos a un local muy curioso, la Sala de estar. Para después recorrer algún que otro bar por el centro.

Al día siguiente, teníamos recorrido diurno por el casco histórico de la ciudad. Pero había que coger fuerzas y, como era domingo, nos tomamos un chocolate con churros en El Parque. Y menos mal, porque Jaén, si no lo he dicho antes, tiene un montón de cuestas. Fuimos por el barrio de la judería y entramos a la Iglesia de San Andrés y San Juan.
En el Palacio de Villadompardo se encuentran los Baños árabes. Todo el edificio es un museo y está realmente completo. Además, hay una gran terraza-mirador desde el que se ve el castillo, la catedral, todas las iglesias, etc. Los Baños son fantásticos, se conservan prácticamente en su totalidad, además, hay algún video en el que explican su construcción y funcionamiento.


Tras la larga caminata, era hora de comer. Fuimos al Bomborombillos, que por lo visto, significa subir a los niños a los hombros, y allí nos pusimos las botas. Pedimos unas raciones porque se nos hacía tarde y cada vez que pedíamos otra consumición, pues otra tapa. Todo riquísimo.
Patatas bravas con fresa, Alcauciles, Bocatas de calamares, Arroz negro, Vulcanitos de trucha y Mini hamburguesas Thai. Para hacer la digestión, nos acercamos a la terraza del Montelado, a probar un café frappelado.



Ya por la tarde tocaba el turno de la Catedral. Nos decantamos por la opción de la audio-guía, un acierto. En la visita es posible subir a la zona de balcones de la fachada y ver el Ayuntamiento enfrente. Y seguimos callejeando y visitando jardines y parques. Muy agradable el paseo.

 
A la hora de la cena nos acercamos a La Comba. Me resulta muy curioso que como aperitivo sirvan en todos los bares aceite para untar. Pedimos Secreto ibérico y albóndigas. Y en La Manchega unas patatas ali-oli. La noche acabó en La Novena, que es la terraza del Hotel Condestable de Iranzo, tomando alguna copa y charlando entre amigos.

Al día siguiente, desayunamos tostadas con tomate y aceite, y es que no hay mejor manera de coger fuerzas que con un desayuno así. Antes de marchar, nos dio tiempo para visitar el Museo Provincial lleno de piezas íberas y romanas. Realmente interesante conocer un pedacito más de historia del lugar.


Y con todo esto, sólo queda agradecer a nuestros amigos por la organización de un fin de semana genial. Nunca habíamos estado en Jaén, y lo cierto es que nos gustó muchísimo. Habrá que repetir.