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martes, 12 de julio de 2022

Restaurante Nublo

Nublo
Dirección: Plaza San Martín 5, Haro, La Rioja
Teléfono: 636725850
Precio orientativo: menú Nublo 65 €, menú Experiencia Nublo 98 €

 

Nublo es un restaurante que lleva abierto, tan sólo, desde julio de 2021. En tan breve plazo de tiempo ya llamó la atención por su original propuesta de cocina al fuego o a la brasa con distintos tipos de leña así como por su ubicación en un edificio del siglo XVI en el centro de Haro. Pero todavía llamó más la atención cuando en unos meses ya recibió nada menos que su primera estrella Michelín. El proyecto está liderado por tres cocineros que trabajaron en Mugaritz y presumen, con motivo, de ello.

 

 

La semana pasada fuimos a conocerlo y lo primero que nos sorprendió al realizar la reserva en su web fue la necesidad de elegir no sólo el día, sino también la hora de entre las que había disponibles. Así, cada mesa reservada en un mismo día tiene una hora de entrada diferente, de cuarto de hora en cuarto de hora. Hay disponibles horarios de entrada para la comida desde las 13:30 hasta las 15:00 horas. Esto permite que a la llegada nos reciban y expliquen las características que hacen a este sitio tan especial, nos enseñen su bodega e incluso nos dejen entrar en la cocina para saludar al equipo que trabaja allí.

 

 

Las  opciones de menú son dos: el menú Experiencia Nublo, un menú degustación que consta de cinco entrantes, siete principales y cuatro postres, y el menú Nublo, versión reducida del anterior, con cuatro entrantes, cinco principales y tres postres. Los fines de semana sólo está disponible el menú completo. Nosotros elegimos el menú Nublo.

 

La carta de vinos es, como corresponde a un restaurante de esta categoría, muy extensa. También está muy bien organizada, con vinos de toda España y de otros países, aunque con protagonismo para los vinos de Rioja, que se encuentran ordenados por municipios. De cada bodega encontramos lo mejor, lo que hace que echemos de menos la opción de vinos algo más económicos. Sin embargo, los precios son razonables para lo que ofrecen.

Una opción muy interesante es la de maridaje, que permite tomar una copa de vino seleccionado para acompañar cada plato. Supone un incremento muy apreciable del precio por comensal pero, por lo que pudimos ver, los vinos elegidos son realmente atrayentes.

Nosotros, estando en Haro, nos decidimos por uno de nuestros vinos favoritos, el Viña Ardanza Reserva 2015, de Bodegas La Rioja Alta.

 

El menú comienza con Patata crujiente y yema de huevo. Una clásica patata asada, con la piel crujiente perfectamente comestible y con el delicioso añadido de la yema de huevo.

 

 

Sigue el Tartar de vaca madurada y bogavante. Sorprendente combinación convertida en una tapa exquisita.

 

 

Después, el llamativo Carabinero y lima quemada. Nos advierten que la lima sólo aporta aromas y sabor pero que no se come (de hecho está muy dura por el asado). El carabinero es como un sashimi extraordinariamente sabroso.

 

 

Terminan los entrantes con (según el menú) la Corteza con espardeña. Suponemos que la espardeña se había agotado pues nos presentan la corteza con callos de bacalao. Fina y crujiente la corteza y muy rico el bacalao.

 

 

Pan y mantequilla hechos en casa llegan al inicio de los principales. Cada día hacen allí la mantequilla, así como el pan (envuelto para mantener el calor), que es de masa madre.

 

 

Pronto nos sirven el Txangurro y leche de almendras. El txangurro lo desmigan del centollo en el momento, para que esté perfecto y nos avisan de que, pese a que tienen mucho cuidado, puede tener alguna de las laminillas que hay dentro del caparazón del animal. No encontramos ninguna.

 

 

Las Vainas a la brasa con jugo de carne y cecina vimos cómo las preparaban a la plancha sobre la cocina económica cuando nos mostraron la cocina. Estaban buenísimas.

 

 

La Lubina con espinacas al pil-pil vino con la interesante explicación de su preparación según receta japonesa. La lubina se hace a la plancha por el lado de la piel hasta que ésta queda crujiente, mientras se usa hielo para que no se cocine la carne. Después todo se hornea para dejarla en su punto. El resultado es excelente, pues tanto la piel como la carne están perfectas para comer.

 

 

Terminan los principales con el Solomillo macerado en queso azul. Nos cuentan que la carne, tierna y sabrosa, ha sido macerada en queso azul durante una semana. Mención especial para los pimientos que la acompañan.

 


Los postres se inician con los Gnochi de manzana y su caldo. Manzana acompañada con infusión de manzana y toques de sal que realzan su sabor.

 

 

Después llega el helado con Texturas de leche, que nos presenta la leche también en las virutas que acompañan, junto con un poco de aceite de oliva y, de nuevo, una pizca de sal.

 

 

Termina el menú con los Petit fours, en nuestro caso, acompañando a un café que pedimos y que también nos pareció excelente.

 

 

La experiencia en general es una suma de muchos factores: el agradable comedor en el patio de este antiguo palacio, el ambiente relajado, el trato atento y cordial, el perfecto ritmo del menú y, por supuesto, la excelente cocina. El resultado es perfecto.

viernes, 29 de octubre de 2021

Restaurante O Peirao


Dirección: Rúa do Mar, 6 - Combarro (Pontevedra)

Teléfono: 986 77 23 76

Email: opeiraocombarro@gmail.com

 

En este tiempo otoñal se agradece recordar los buenos momentos vividos a lo largo de las vacaciones veraniegas. Por eso quiero comentar la experiencia en la turística localidad de Combarro.


Conocida por sus famosos hórreos, datados del s. XVIII y que están declarados Bien de Interés Cultural (BIC) dentro del Conjunto Histórico-Artístico junto a Cruceiros y Palleiras, esta localidad pontevedresa ha vivido originalmente del mar. El pueblo está prácticamente en su totalidad sobre roca de granito, incluso se han dado forma a escalones en las propias calles. El granito es el material estrella con el que se han construido tanto las viviendas como los demás elementos arquitectónicos y, la verdad, resulta curioso y totalmente agradable pasear entre sus estrechas calles, recorriendo cada lugar del núcleo originario.

Como es bien sabido, los hórreos surgieron de la necesidad de almacenar el grano y demás alimentos en un lugar seco, alejado de la continua humedad local y de pequeños animales. Actualmente, éstos forman un reconocible horizonte desde el que se puede tener una gran imagen panorámica de toda la Ría de Pontevedra.

Pues bien, junto a estos insignes hórreos tuvimos la suerte de cenar. Y digo suerte porque en pleno agosto en Rías Baixas era realmente una aventura encontrar un sitio libre. Tras la espera, pudimos disfrutar de una mesa en O Peirao junto a unos de ellos. Entre hórreos y con vistas al mar, qué mejor manera de disfrutar de un fresco vino y un poco de marisco tras el largo día.

Comenzamos con unos grandes Mejillones al vapor. Además, desde nuestro sitio y en el paseo en barco, pudimos ver la cantidad de bateas que hay en la ría y de la que salen miles de kilos cada año. La verdad es que aquí tienen otro sabor y no es de extrañar, pues es uno de los productos gallegos abanderados debido a su calidad, así tienen D.O.P. desde 1994. Y con la misma receta, llegó la ración de Berberechos, con limón al gusto. Lo cierto es que los comimos como si fuesen pipas, estaban riquísimos.

 
 
Después llegaron las Vieiras a la gallega que, como no podía ser de otra manera, no defraudaron. Y para finalizar, un perfecto Pulpo a la brasa, recién cocinado en las grandes parrillas que tienen junto al mar, rodeadas de nasas y demás aparejos de pesca. Estaban acompañadas por patatas asadas.

Además, disfrutamos del fantástico menú con un vino de la D.O. Rías Baixas, un sabroso albariño que hizo de la cena el broche de cierre de un día estupendo de senderismo y playa.

domingo, 3 de octubre de 2021

Restaurante Marisquería Casa Digna

Dirección: Plaza Gremio de Mareantes, 14 - Pontevedra

Teléfono: 986 851 299

Web: www.casadigna.es

Email: casa_digna@archivate.com

Fue el pasado mes de agosto cuando estuvimos por tierras gallegas e hicimos parada en la bonita ciudad de Pontevedra. Cuando llegamos, lo primero que preguntamos fue dónde podríamos comer marisco de verdad y nos sugirieron una marisquería de toda la vida: Casa Digna.

Se localiza junto al pequeño puerto, en el río Lérez, y lleva desde 1912 cocinando manjares, como publicitan en su web. Previamente, hicimos reserva por teléfono, por lo que fuimos a la hora indicada donde nos tenían preparada la mesa en la terraza. La carta era muy apetitosa y teníamos muchas ganas de sentarnos a probar todas las delicias del mar posibles.

Empezamos con unas navajas a la plancha. Con un poco de limón y con un tamaño considerables, abrimos apetito enseguida. Continuamos con la vieira al horno, que parece que era la receta de la casa, y no fue mala decisión pedirlo, pues estaba muy rica. Seguidamente, nos sirvieron las almejas a la marinera, que igualmente estaban deliciosas, tanto ellas como la salsa. Completamos el menú con unos langostinos a la plancha. Ese día no dejamos de chuparnos los dedos. Lo cierto es que la calidad de los productos y la manera de prepararlos es de destacar y la atención fue buena en todo momento.


No podíamos dejar de probar otra de las delicias del lugar, el vino de la D.O.Rías Baixas, cuyo Consejo Regulador se encuentra en Pontevedra, en el Pazo de Mugártegui de la Plaza de Pedreira. Para acompañar nos sirvieron el albariño Señorío de Rubios, de la bodega ubicada en As Neves, al sur de la provincia muy cerca del río Miño y la frontera con Portugal. El vino era muy fresco, afrutado y equilibrado, además de ser reconocido por varios premios. El maridaje entre albariño y marisco fue perfecto así que dimos por finalizada la sesión y seguimos recorriendo los rincones de la ciudad.


Sin lugar a dudas, un restaurante más que recomendable por lo tranquilo de la zona y el cuidado del producto. Uno de los mejores recuerdos que nos llevamos de la ciudad.

jueves, 2 de septiembre de 2021

Cueva Restaurante Los Poinos


  Dirección: Canal de Rozas, 81 - Valdevimbre (León)

  Teléfono: 987 304 018

  Web: www.lospoinos.com

  Email: lospoinos@lospoinos.com

A tan solo 25 kms de León encontramos la localidad de Valdevimbre, cuna de la D.O. León. Es innegable decir que ofrece una gran panorámica de un pueblo lleno de bodegas subterráneas, con sus características zarceras o pequeñas chimeneas que asoman en las lomas que se crean en las entradas a las bodegas.

Algunas de ellas se han convertido en cueva-restaurante y es realmente fantástico poder disfrutar en verano en alguna de ellas. Y eso es lo que hicimos recientemente. En esta ocasión elegimos Los Poinos, situado al final del pueblo. Y aunque dispone de terraza y patio, preferimos comer en el interior, no solo por la temperatura, que también, si no por estar en el interior de la bodega.

Ya solo al entrar se percibe el gran contraste de temperatura. Pasamos a nuestra mesa y quedé fascinada de lo formidable que es el lugar. La bodega en sí se diferencia bastante de las que yo conozco en la Ribera del Duero: tiene un techo bastante más alto y la salida de la chimenea es amplia y de forma trapezoidal en vez de un pequeño agujero en el techo. Todo ello sin un escalón, a nivel de calle, algo que me resultó muy curioso. Lo que no cambia son los rasgos auténticos de las bodegas, como esas marcas de los picos que se usaban hace siglos para excavarlas. La iluminación está muy cuidada y tiene una decoración minimalista muy autóctona. Otro elemento que se mantiene es la larga viga del lagar, con el husillo y el pilón. Hay numerosas cavidades, así que considero que era una bodega con mucha capacidad de cubas y barricas.


Enseguida nos acercaron la carta en versión QR. Sí, efectivamente, no hay cobertura móvil dentro de la bodega, pero podemos conectarnos a su wifi sin problema alguno. La carta era muy apetitosa, pero el entrante lo teníamos bastante claro: cecina de León.

Tras elegir el menú, nos trajeron agua, pan de hogaza y vino. Por supuesto, un monovarietal prieto picudo de la Bodega Pardevalles. Intenso de color y muy fresco en boca. Además de un pequeño aperitivo consistente en una ligera crema con virutas de chorizo y aceite servida en un tradicional vaso de barro. Perfecta para abrir apetito.

Esta vez la cecina de vaca IGP estaba marinada en aceite con hígado de pato. Se acompañaba de unas pequeñas rebanadas de pan de pipas. Simplemente delicioso.

Como platos principales elegimos Secreto de Ibérico con salsa de Prieto picudo y setas. Que yo no sé si había desayunado poco, pero estaba tan sumamente extraordinario que no me duró nada en el plato. El secreto estaba perfectamente cocinado y la salsa era muy melosa. El otro plato elegido fue asado de Lechazo IGP de Castilla y León. También asado en su punto y con su propia salsa.


Con los postres comenzaron las dudas, pues todo tenía una pinta espectacular, pero debido al calor que nos esperaba afuera, nos decantamos por Chocolates en textura, que se acompañaba con unas bolas de helado de vainilla. ¿Qué puedo decir? Salsa de chocolate caliente en el fondo que funde lentamente el helado y está copado por chocolate helado.

Finalmente el café. Muy auténtico servirlo en el puchero de toda la vida. Con opciones para elegir el dulzor según gustos y la vajilla también, la de toda la vida, la que tenían nuestras abuelas en casa. Me encantó ese detalle.

En resumen, una perfecta elección el poder acercarnos a Los Poinos y a Valdevimbre. A la salida dimos un pequeño paseo viendo las innumerables bodegas que hay. Quedó pendiente visitar el Museo del Vino en el que se ha creado un centro interpretativo dentro de otra de las tantas bodegas del pueblo. Pero eso será para la próxima vez.

domingo, 13 de junio de 2021

Juan Carlos Ferrando Restaurante

Dirección: Mª Teresa Gil de Gárate, 7 - Logroño

Teléfono: 941 214 795

Web: www.juancarlosferrando.com

Email: reservas@juancarlosferrando.com

Precio Menú desgustación:  65 €

 

Hacía tiempo que teníamos una entrada pendiente de redacción, así que, gracias a una nueva visita al restaurante, abriremos apetito gracias al menú desgustación que tuvimos ocasión de probar el pasado día de San Bernabé, festivo en Logroño.

De origen argentino, Juan Carlos Ferrando lleva años entre País Vasco y La Rioja desarrollando su trayectoria culinaria caracterizada por un trato exquisito del producto local. Además podemos verle en plena acción ya que se puede ver la cocina a través del cristal desde la zona de mesas.

Aunque había opción de comer en la terraza, preferimos entrar al frescor del interior del local. Actualmente se mantienen las distancias oportunas y se puede disfrutar igualmente del menú con absoluta calma. Tras la bienvenida por parte del personal, nos acercaron las "cartas de menús y vinos" a modo de código QR con los que se accede directamente a las opciones elegidas. Nosotros optamos, tras larga deliberación, por probar el menú degustación. Como acompañamiento, nos sugirieron un vino blanco, así que nos decantamos por el Reserva 2007 de Viña Tondonia de Bodegas R. López de Heredia.


Mientras llegaba el ansiado menú, observamos con atención el local y su curiosa decoración: azulejos de cerámica de colores y elementos de escayola mezclados con objetos metálicos con formas animales que parecen pasear por las paredes. Una iluminación precisa y un mobiliario más que suficiente para ofrecer los servicios. Miramos igualmente la gran cava que hay a la entrada en la que pudimos ver las numerosas botellas de vino que figuran en la carta: Rioja primordialmente, aunque también hay de otras tantas Denominaciones de Origen. Nuestra mesa, amplia y con unas comodísimas butacas. Mencionar que la entrada al local pasa casi inadvertida, pues una pared de ladrillos y un pequeño cartel dan la bienvenida al comensal.

Enseguida llegó el vino elegido. Abrieron la botella cuidadosamente para no romper el corcho y envinaron las copas, acción que no siempre se realiza pero que es de agradecer para evitar olores previos. Tras una ligera cata para comprobar que todo estaba correcto, brindamos por los reencuentros y la festividad local.

El menú empezó con unos pequeños snacks: Empanadilla de buey al estilo argentino, Sandwich de foie y orejones y Tartaleta cremoso de pollo y anchoas viejas en salazón. Además de mantequilla artesana francesa con sal maldon servida en una curiosa piedra para untar en el pan que, todo hay que decirlo, estaba muy bueno. Personalmente las empanadillas fue lo que más me gustó, pero las tres tuvieron una gran nota por nuestra parte.

El primer plato del menú fue Pez limón (hamachi), jugo de manzana y chiles ahumados. El pescado llevaba una maceración de 14 días y es cierto que la acidez de la manzana al fondo del plato destaca mucho. Y ante la incertidumbre de los chiles, lo cierto que es no había nada de picante en el plato. El siguiente fue Ostra Guillardeau, creme fraîche y huevas de trucha. Tengo que confesar que fue mi primera ostra, no sabía exactamente qué sensación esperar pero la combinación con la crema era perfecta. Además, el cambio de textura de las huevas era curioso.

A continuación sirvieron Espárrago blanco de Mendavia, foie, sardina ahumada y avellanas. El espárrago estaba al punto, caliente y pasado por la plancha y la crema de foie destacaba su sabor con unos pequeños granos de curry y mezclum. Los Perrechicos salteados y espárragos verdes silvestres también estaban deliciosos, y aunque en vez de espárragos se trataba de ajetes, el plato tenía una combinación muy buena, también había perrechicos laminados en crudo. Quizá le faltó una pizca más de sal.

Seguimos con Cebolleta confitada, cremoso de patata y yema de huevo como salsa. Sencillamente sabrosa, en su punto con una crema muy delicada, unos dados de anguila ahumada y con una yema con AOVE servida al instante por el personal. También los Hongos de pino asados (boletus pinícola) y caldo ahumado estaban muy buenos. A mí que me encantan los hongos, estaba especialmente contenta de que dos de los platos tuvieran estos ingredientes.

El último plato antes de pasar a los postres fue un rape. Llevaba una crema de coliflor y unos dados de tomate confitado con cebollino. Lo más importante es que el pescado estaba en su punto perfecto de cocción. En esta ocasión, este menú no lleva carne pero no se hace imprescindible ya que todos los platos tienen un tamaño adecuado y no se hace nada pesado ni escaso.


Y por último los postres, que fueron dos: Crema helada de vainilla, cítricos y AOVE y Chocolate cuajado al 70%, toffe de plátano al ron y AOVE. El helado muy meloso y cremoso y ligeramente se distingue el aceite de oliva. Al igual que en el chocolate que es muy similar a una mousse y que el aceite le deja un toque muy distintivo. Llevaba como topping pequeños trozos de chocolate y sal maldon para realzar el sabor.

Y tras dos horas de degustación dimos por finalizada la fantástica comida. Antes de salir, Juan Carlos Ferrando salió de su cocina y se acercó hasta nosotros para saludarnos y preguntarnos por nuestra sensación. No pudimos mentir, estaba todo exquisito. La verdad es que todo estuvo fantástico, desde el servicio del personal hasta cada uno de los ingredientes y la comodidad del local.

Esperemos poder volver en otra ocasión así que estaremos pendientes de sus cambios de carta y menús para seguir disfrutando de una cocina muy especial recomendada por Guía Michelín y por tantos clientes como nosotros. Igualmente, este mismo año ha sido reconocido con un Sol Repsol.