Miyako Teppanyaki
Dirección: Gran Vía 65, Logroño, La Rioja
Teléfono: 941220366
Web: www.miyako.es
Precio orientativo: menús degustación desde 23€
No hace mucho que se ha abierto este restaurante japonés en la céntrica Gran Vía de Logroño. Dado nuestro gusto por la cocina oriental, teníamos muchas ganas de probarlo. Y finalmente hace unos días nos decidimos a visitarlo para cenar.
El local está decorado de forma elegante, sin estridencias, y ofrece la posibilidad de comer en mesa o en
plancha, con la comida preparada delante de los comensales en este segundo caso. Nosotros esta vez elegimos mesa.
La carta incluye una buena selección de la cocina tradicional japonesa. También hay varios menús degustación diferentes que permiten probar una mayor variedad de platos. Con esta idea elegimos el denominado Menú Imperial.
Comienza el menú con una rica Ensalada de Pollo y Aguacate, seguida de la Tempura Mixta, compuesta de langostinos y pimientos en buena armonía.
Después llegó el turno del pescado, un clásico muy logrado de Nigiri Sushi de Anguila, Sashimi de Salmón y Maki de Atún. Y como colofón del menú, un plato que incluye Solomillo de Ternera Teppanyaki, Langostinos Teppanyaki, Magré de Pato con Verdura Teppanyaki y Tallarinos Finos Salteados.
Todos los platos nos gustaron y nos parecieron muy bien preparados. Pero todavía guardamos un hueco para pedir alguno de los postres que nos ofrecieron, como el Helado con Nueces, que era helado de té verde (con nueces), o el Maki de Plátano, original combinación algo pastosa, pero sabrosa para quien guste de ambos ingredientes.
La carta de vinos es amplia y se compone casi exclusivamente de vinos de Rioja. Nosotros empezamos con una de las pocas referencias de fuera de esta denominación, pidiendo un Marqués de Riscal Verdejo de Rueda, un vino agradable y muy aromático, aunque para mi gusto no alcanza la delicadeza del
Sauvignon Blanc de la misma bodega. Y después nos pasamos al tinto, eligiendo para ello el excelente crianza de
Beronia.
El trato del personal fue amable en todo momento y la atención constante. Los platos se sucedieron sin apenas pausa entre ellos pero sin ninguna sensación de apremio. Y las copas siempre estuvieron llenas sin que nos tuviéramos que preocupar por ello. Una buena experiencia que nos deja con ganas de repetir para seguir explorando otras opciones.