sábado, 18 de noviembre de 2017

Marqués de Cáceres sauvignon blanc y ChangYu Noble Dragon

Hoy hemos catado dos vinos muy diferentes en nuestra cata de los viernes.
Para empezar hemos probado un blanco variedad sauvignon blanc de Marqués de Cáceres de la DO Rueda, el Excellens 2016. Es muy aromático con notas cítricas y de frutas tropicales y 12,5% de grado alcohólico y expresión varietal en boca. Nos ha parecido un gran vino.

Después hemos catado un vino exótico. Ya hablamos de la bodega ChangYu cuando comentamos unos vinos que trajimos de nuestro viaje a China. Lo más llamativo probablemente sea el uso de la variedad cabernet gernischt de que hablamos entonces, desaparecida en Francia tras la irrupción de la filoxera. Este tinto Noble Dragon presume de ser el más vendido del mundo y lleva además parte de cabernet sauvignon y cabernet franc con un 12% de grado alcohólico. El estilo, como ya observamos en esta bodega, es clásico aunque nos sorprende que esta botella no dé información sobre la añada. Esto es algo que no esperábamos de una bodega con tanta tradición, sobre todo en su llegada a un mercado como el español, a través de la bodega Marqués del Atrio.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Liga Hanseática III: Rostock y Schwerin

Mi recorrido por la Hansa acaba en estas dos ciudades del estado de Macklemburgo-Pomerania Occidental. Desde Lübeck salimos en coche por las famosas carreteras sin límite de velocidad, atravesamos la simbólica frontera entre las dos antiguas Alemanias y llegamos a la primera parada. 

Al margen izquierdo del río Warnow se localiza la ciudad hanseática de Rostock, allá por el s. XIII ya pertenecía a la Hansa lo que derivó en su riqueza comercial gracias a su localización, en la desembocadura del río a pocos kilómetros del Báltico. Durante siglos mantuvo un alto nivel adquisitivo, llegando incluso a fundarse una de las Universidades más antiguas del norte de Europa, en el s. XV. Pero idas y venidas con sus vecinos hicieron que Rostock se viese afectada económicamente, sobre todo con los ataques, las guerras y los incendios. No obstante, a finales del s. XIX llegó a estar totalmente recuperada, hasta el punto de tener una de las flotas mercantes más importantes del Báltico. Hecho que fue aprovechado en las sucesivas Guerras Mundiales y que fue cara y cruz para la ciudad, ya que a mediados del s. XX la ciudad quedó destrozada tras los bombardeos del Ejército Rojo. Seguidamente, la ciudad pasó a formar parte de la República Democrática Alemana (RDA).
Hasta la reunificación, la ciudad se dedicó a reconstruirse, intentando recuperar la arquitectura de épocas anteriores a la gran guerra.

Todo ello puede verse reflejado en las calles del centro histórico. Lo primero que hicimos fue pasar por la oficina de turismo, y con el mapa en la mano nos aventuramos a recorrer la ciudad. Estamos justo en el centro, en la plaza de la Universidad y con las calles comerciales enfrente. Es temprano y aún no se ve mucha gente, además, el tiempo no acompaña.


La Iglesia más grande de Rostock es la de St. Marien, originaria del s. XIII hoy en día tiene uno de los relojes astronómicos más antiguos de Europa. Junto a ella podemos ver un plano en tres dimensiones realizado en bronce donde hacerse a la idea de cómo era la ciudad siglos atrás y lo que vemos hoy en día. Muy cerca llegamos a la nueva plaza del Mercado, donde echamos un vistazo a los productos que venden en los puestos. Es aquí donde está el Ayuntamiento.


Seguimos hasta la iglesia de St. Petri, las casas de alrededor no son especialmente bonitas pero desde lo alto de la torre hay una gran visión de toda la ciudad. Subimos hasta los 117 metros de altura, justo entre el entramado de maderas del tejado. Hay ventanas en los cuatro puntos cardinales, cosa que se agradece. Al norte el río, al este la circunvalación, al sur la Iglesia de St. Nikolai y al oeste el centro de la ciudad donde destaca St. Marien.


Rostock aún conserva parte de la muralla y hay paseos que van rodeando la ciudad a lo largo de la misma, fuimos por uno de ellos hasta llegar a otra iglesia que hay, la de St. Nikolai, en este caso, única ya que no había visto nada igual. Y el hecho de ello es que en el tejado de la misma hay tres plantas donde vive gente, sí, viven allí.


Nos dirigimos hacia una de las antiguas puertas de la muralla, no sin antes pasar junto a unas antiguas casas industriales, en este caso destilerías. Primero vemos la Kuhtor o Puerta de la Vaca, la más antigua y, a continuación, Steintor o Puerta de piedra, que conserva la inscripción, sello y escudo de armas, actualmente alberga la sede del Tribunal Regional Superior.


Atravesamos la puerta y seguimos por el exterior de la muralla, continuándola hasta llegar a la Puerta Kröpeliner, con 54 metros de altura, en su interior se puede ver una exposición sobre las fortificaciones de la ciudad.
Por último, nos acercamos a la Abadía de la Santa Cruz, que fue un antiguo convento cisterciense fundado por la reina Margarita I de Dinamarca, pero hoy es el Museo de historia cultural. Está rodeado de jardines y parques infantiles, además, se realizan numeros talleres en este cuidado entorno.

Tras visitar la gran parte del centro, fuimos haciendo hambre, por lo que decidimos volver a la calle principal. Elegimos el Peter Pane para comer, una hamburguesería que estaba totalmente llena. Yo pensaba que íbamos tarde, pero parece que en Alemania también la hora de comer los fines de semana se retrasa, no tardamos mucho en sentarnos y pedir una Burguer doble con aguacate y otra barbacoa con patatas. El local está decorado con muchos elementos de madera y es bastante amplio.



La duda estuvo en qué hacer por la tarde, se podría ir hasta el zoo y ver el Museo de Darwin pero seguía nublado y preferimos marchar. Para hacer la digestión, fuimos a ver la zona del puerto. Salimos por la Mönchentor o Puerta del Monje, de estilo clásico, y llegamos al río Warnow. En la desembocadura se encuentra la localidad de Warnemünde, que pertenece al Ayuntamiento de Rostock y es casi totalmente un destino turístico. Pero no llegamos a ir, volvimos al coche y fuimos a la siguiente parada.

Schwerin no es exactamente una ciudad hanseática, pero merece la pena una parada en el camino. Es la capital del estado pero tiene menos habitantes que Rostock, de hecho es la capital de estado más pequeña de Alemania. Lo más conocido de esta ciudad es el Castillo, situado en un islote en uno de los innumerables lagos que tiene Schwerin. Un castillo que ya era conocido en el s. X, fue residencia ducal y hoy en día es sede del Parlamento regional. Su planta circular se asemeja a los castillos del Loira franceses. La ciudad ha crecido respetando totalmente la naturaleza y el bosque que la rodea, totalmente en armonía. De hecho, los jardines del castillo terminan en el bosque sin saber cuál es el principio de uno y el fin del otro.



La imagen del castillo al atardecer es espectacular, el color anaranjado único, una lástima las grúas junto al castillo, pero la imagen es idílica.
Dimos un pequeño paseo por los jardines y después por la ciudad, viendo plazas y edificios con una arquitectura colorida y llena de vida. La iglesia, la estación, la plaza o el museo. Una ciudad pequeña pero muy turística, con un encanto especial inigual a otra ciudad alemana.




Finalmente, el viaje se acaba y sólo queda despedirse de los amigos hasta la próxima, en Alemania o ya en casa, nos volveremos a ver. Sin duda, este ha sido un viaje lleno de historia en el que he podido ver varias ciudades menos conocidas que normalmente no son tan visitadas, pero sin lugar a dudas un gran acierto haber podido conocerlas.

sábado, 21 de octubre de 2017

Cata de Palacio de Canedo, Cullerot y Laffont

En nuestra cata de los viernes hemos probado tres vinos. El primero ha sido un blanco Palacio de Canedo Godello 2016, de El Bierzo con 13,5% de alcohol. De color amarillo pálido con tonos verdosos, aromas cítricos y a flores blancas y de retrogusto fresco. Un vino muy agradable de beber.

En segundo lugar hemos catado otro vino blanco Cullerot de Celler del Roure 2016 de la Denominación de Origen Valencia y con crianza en tinajas de barro. Con 13,5 grados lo hemos visto amarillo con matices dorados. Aromas a fruta madura y expresivo en boca. Este vino lo trajimos de Peñíscola, de la vinoteca cinquanta.

Terminamos nuestra cata de este viernes con un vino francés de la AOC Madiran, Laffont Tradition 2011. Tinto de la variedad Tannat, una de las que producen vinos más potentes, en este caso con 14,5 grados y un color de intensidad alta. Con crianza en barrica tiene un largo recorrido en boca.



martes, 11 de julio de 2017

Liga Hanseática II: Lübeck y Travemünde

La siguiente parada de este viaje es la Ciudad Hanseática de Lübeck, una encantadora ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. Para llegar tomé uno de los trenes regionales desde Hamburgo, que tarda en llegar menos de una hora, hay tan solo unos 60 Kms.
Y aquí también es donde se descubre la razón del viaje, la visita a los amigos que viven en el extranjero, una excusa perfecta para pasar unos fantásticos días por la zona.
Lo primero es dejar la maleta en casa, que no está muy lejos de la estación y, enseguida, nos vamos al centro histórico, que se localiza en una isla formada entre los ríos Trave y Wakenitz, sin duda un lugar privilegiado a menos de 20 Kms del Mar Báltico.

Mientras, mi particular guía me cuenta cosas de la ciudad y de su relación con la Hansa. Lübeck fue capital de la misma durante varios siglos, lo que la ha llevado a tener el sobrenombre de La Reina de la Hansa, llegando a ser el punto central de todo el comercio marítimo que unía las zonas del Mar del Norte y el Báltico. Fue la principal ciudad de esta Liga tanto por su situación geográfica, como por los lazos comerciales que tuvo con Hamburgo o Visby entre otras. Realmente interesante la historia de la Liga Hanseática. Los tiempos gloriosos de la Liga llegaron a su fin en la Segunda Guerra Mundial, donde Lübeck perdió algo más que sus privilegios comerciales. El primer bombardeo fue aquí, hubo centenares de víctimas (parte de la historia la forman los Mártires de Lübeck) y una destrucción masiva de la ciudad, entre los que se encontraban la catedral y muchos otros edificios destacables.


Antes de cruzar el puente que lleva al centro, se puede ver el famoso skyline de la ciudad, las siete torres de las cinco iglesias principales. Y justo entre los dos puentes el primer edificio emblemático de la ciudad, el Holstentor o Puerta de Holsten, que es el símbolo de Lübeck, actual museo. Y junto a éste, los Almacenes de sal o Salzspeicher, que mantienen una arquitectura de ladrillo de estilo gótico, y que es parte de la razón por la que la UNESCO obsequiara a esta ciudad, por su conservación del carácter preindustrial de su centro medieval de estilo gótico báltico. Si se necesita un pequeño mapa o más información sobre la ciudad, la oficina de turismo está frente al Holstentor.


Como era un poco tarde y ya tendríamos tiempo de hacer turismo más a fondo, decidimos ir a cenar a un pequeño local donde se sirve comida típica alemana, el Gaststätte Bei Ulla, donde pedimos una Currywurst y Schnitzel con patatas acompañado por, como no, cerveza, Bitburger fue la elegida.


Es un local pequeño y suele llenarse, así que primero fuimos a reservar mesa y seguimos con el paseo para hacer tiempo. Estaba realmente bueno y no tardamos mucho en zamparnos todo. Y después fuimos a tomar más cerveza, que es lo que hace todo el mundo aquí, y elegimos un irlandés que aún seguía decorado de verde porque unos días antes había sido St. Patrick. Kilkenny Irish Beer y una sidra para mí.

La ruta turística que aparece en el folleto que me dieron en la oficina de turismo es muy práctica porque se recorre toda la isla andando en dos horas tranquilamente.
La primera torre que podemos ver es la de la Iglesia de St. Petri, construida en el s. XIII de estilo románico, actualmente se usa para exposiciones y otros eventos, se puede subir para observar las fantásticas vistas de la ciudad. Continuamos hacia la Catedral dejando a la derecha la Iglesia de Sagrado Corazón de Jesús, donde tienen una exposición de los Mártires. Se nota que se llega a la Catedral cuando sus dos torres destacan por encima de los edificios. La Dom es de tres naves y es uno de los edificios más antiguos, data del s. XII y su cúpula es también una de las más grandes de Alemania.




La Catedral se encuentra junto a uno de los lagos, así que es momento perfecto para rodearlo por caminos mientras te cruzas con niños jugando o gente haciendo deporte. Cerca está el Museo de Naturaleza y Medio Ambiente y también el Pabellón de arte de Santa Ana, ubicado en el antiguo convento del que conserva el nombre, y donde podemos descubrir cómo vivía la gente a través de un paseo virtual a lo largo de siete siglos. Y sin darnos cuenta nos cruzamos con otra torre en el camino, la de St. Aegidien, que es la iglesia más pequeña de la isla.

 

Dejando un poco aparte los edificios religiosos, es imprescindible recorrer la zona comercial como Hüxstrasse que está llena de pequeñas tiendas y cafeterías y también entrar en alguno de los tranquilos patios que se esconden en alguna de estas calles como Glandorpsgang o Füchtingshof. Unos rincones realmente curiosos que datan del siglo XVII. En esta zona se encuentra el Museo de Günter Grass que alberga numerosas obras de este artista.



Y casi a la vuelta de la esquina, la iglesia de St. Katharinen, del siglo XIV conserva en una de sus fachadas esculturas de terracota. Y en la misma calle podemos pasar por la casa museo del político Willy Brandt, por el Teatro y el museo Behnhaus con la casa Dräger, lleno de colecciones de arte. Enfrente podemos ver otra alta torre, es la de la Iglesia de St. Jakobi, data del s. XIV y está formada por tres naves también del característico ladrillo rojo, es el templo de los navieros.


Casi en la misma plaza destaca otro importante edificio, el Hospital del Espíritu Santo, uno de los primeros de Europa, en la Edad Media se atendía a enfermos y a gente mayor, sin embargo, actualmente durante la Navidad se transforma en un mercado de arte manual. No hay que dejar pasar por alto entrar y ver la disposición de las antiguas habitaciones.


Al final de la calle llegamos al Burgtor y el Burgkloster, otra importante puerta de entrada a la ciudad, es aquí donde nos encontramos con el Museo de la Hansa donde podemos adentrarnos aún más en la historia a lo largo de ocho siglos. A este lado de la isla, en el puerto, podemos ir en barco hasta Travemünde y llegar a la orilla del Báltico.


Podemos ir por la orilla viendo numerosos barcos restaurados que forman el Museo del Puerto o Museumhafen, o también podemos recorrer esta otra zona de la isla por sus estrechos callejones donde encontrar más patios. Y en el centro de la isla, no podía dejar de lado la Rathaus en la plaza del mercado. Un bonito edificio en el que sigue reuniéndose hoy en día el Senado. Y detrás, nos quedan dos torres importantes que destacar, son las de la iglesia de St. Marien, la tercera iglesia más grande de Alemania con la bóveda de ladrillo más alta del mundo, casi 40 metros, sin duda modelo de otras muchas iglesias de este estilo en la región del Báltico. Si el exterior te deja perplejo por las dimensiones, el interior es increíble. Pude ver una exposición sobre la Segunda Guerra Mundial con fotografías y testimonios que te dejan los pelos de punta, indescriptible.






La suerte que tuve con el tiempo fue increíble, días soleados en los que poder hacer turismo a tope. Me resultó especialmente curioso como el domingo por la mañana, la gente tendía la ropa en los tendales que hay junto al río, hecho histórico que sigue siendo costumbre. Con la temperatura tan agradable, muchos vecinos decidían sacar las sillas a las calles para leer o simplemente relajarse al sol, cosa que no es muy frecuente por estas latitudes. Los bancos junto a los ríos llenos y las terrazas de las cafeterías todas ocupadas, fue un reto encontrar una libre para tomar algo antes de comer.
Ese día fuimos al Paulaner am Dom de Pauliner München, una cadena de restaurantes típicos alemanes. Aquí pedimos schweinshaxe y biergartenschnitzel, que viene siendo codillo y filete empanado, pero a gran escala. Lo que mi estómago ya no pudo probar son los típicos mazapanes que se elaboran en la ciudad, sobre todo en el Café Niederegger, situado detrás del Ayuntamiento.


Los días en Lübeck pasaron volando, pero aún así hubo tiempo de hacer alguna excursión. Una tarde nos trasladamos a Travemünde, una pequeña localidad que se encuentra justo en la desembocadura del río Trave, ya en el Báltico, y desde donde salen los barcos hacia Suecia, Finlandia y Estonia.


Una tranquila tarde por el paseo marítimo, por la gran playa vacía pero que en verano se llena buscando el buen tiempo. Lo típico de esta playa es alquilar una strandkorb, que es una especie de caseta de mimbre cubierta por una tela con franjas de colores, que lleva un asiento del que puedes sacar un reclinable para las piernas. Un gran invento para pasar el día en la playa viendo llegar los barcos o leyendo plácidamente un libro.

La verdad es que fueron unos días geniales. Es agradable poder pasar el tiempo con viejos amigos y mucho más cuando no se les ve tan a menudo. Lübeck es una ciudad preciosa, con un montón de historia y con una arquitectura única. La gente es muy agradable y enseguida hacen el esfuerzo de entablar conversación. El Báltico es un mar sosegado y Travemünde un pequeño pueblecito muy turístico que en épocas de invierno parece ser casi fantasma, pero que no deja de perder ese encanto.

Hasta aquí el relato, aún queda un poco más que ver y conocer de la Hansa, pero eso otro día.