viernes, 21 de septiembre de 2012

Jiro Dreams of Sushi

Esta semana hemos visto Jiro Dreams of Sushi, una película documental dirigida por David Gelb y que se estrenó el pasado mes marzo de este año 2012. A lo largo de su hora y 22 minutos de duración nos muestra gran cantidad de detalles sobre la vida y personalidad de Jiro Ono y sobre el funcionamiento de su restaurante de sushi.


El restaurante de Jiro, el Sukiyabashi Jiro, se encuentra en un local subterráneo en una boca del metro de Tokio, en concreto la de Ginza. El local, apenas una barra de bar, tiene asientos para tan sólo 10 personas. Esto no le ha impedido alcanzar una gran fama por la calidad de su comida, refrendada por la obtención de tres estrellas en la guía Michelín. Algo insólito para un local de estas características.

El secreto está sin duda en Jiro, en su personalidad y en su actitud. Obligado a salir de casa y buscarse la vida a los nueve años, siempre ha visto su trabajo como algo que amar y a lo que dedicar toda su vida. Por eso a la edad de 85 años sigue trabajando, tratando de mejorar cada día y sin idea de retirarse. Para Jiro es una cuestión de honor el realizar cada día su trabajo a la perfección. Incluso en sus sueños Jiro es capaz de idear nuevas elaboraciones de sushi, lo que da lugar al título de la película.

Cuando un comensal llega al restaurante de Jiro y se sienta se le va sirviendo el sushi con rapidez. Pieza a pieza se preparan delante suyo con aparente simplicidad. Nada más lejos de la realidad. Gracias al documental sabemos todos los detalles que no se ven habitualmente.

Para empezar, la elección de todos los productos es fundamental. Para comprar el pescado hay que confiar en un buen pescatero, quien elige los mejores pescados y mariscos cada día en la subasta de la lonja. También el arroz es de una clase especial que sólo le guardan a Jiro.

Desde que hace unos años Jiro sufrió de un infarto, la compra la realiza el hijo mayor de Jiro, Yoshikazu. Resulta curioso verle ir y venir en bicicleta cuando también cuenta que le gustan los coches rápidos y presume de que el suyo alcanza los 300 km/h.

Yoshikazu está destinado a seguir los pasos de su padre y hacerse cargo del restaurante cuando él no esté. El segundo hijo de Jiro, Takashi, tuvo que abrir su propio restaurante cuando estuvo preparado para ello. Su local, idéntico al de Jiro, pero simétrico por ser Jiro zurdo, se encuentra en Roppongi Hills, Minato, Tokio y tiene dos estrellas Michelín.

Jiro, a la manera más tradicional de Japón, no concibe que sus hijos pudieran dedicarse a otra cosa. Así, aunque les dio educación hasta secundaria, no consintió que fuesen a la universidad. Obligatoriamente debían seguir los pasos de su padre, aunque todos son conscientes de la gran dificultad que tendrán cuando se les compare con él.

El trabajo en la cocina es clave. Cocineros y aprendices son supervisados en todo momento por Jiro. Cada pescado o marisco se prepara con sumo cuidado adaptándose a las características de cada pieza. Para ello se va probando, lo que permite establecer cuándo se encuentra en su punto óptimo de añejamiento, de maceración o de cocción según el caso.

Un verdadero arte que finalmente tiene su reflejo en las apetitosas piezas de sushi que se sirven a cada comensal. El documental las muestra en todo su esplendor, con excelentes imágenes que nos hacen la boca agua, un sonido ambiente muy preciso y con un cuidado acompañamiento musical. La película es amena, instructiva y sin duda muy recomendable, aunque me temo que no tendrá mucha difusión en España.

Por cierto, para comer en el Sukiyabashi Jiro hay que reservar por teléfono con al menos un mes de anticipación y confirmar la reserva de nuevo un día antes. Los precios varían, pero comienzan en unos 30.000 yenes, cerca de 300 euros al cambio actual.

Tras ver esta película era inevitable que tuviéramos antojo de comer sushi. Por suerte lo habíamos previsto y pudimos cumplir ese antojo. Aunque no fuera esa maravilla que sólo prepara Jiro.


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Colonia (De viaje por Alemania IV)

Colonia es una de las ciudades más grandes de Alemania y también una de las más antiguas. Con más de 2.000 años de historia, esta ciudad es rica en cultura y tradiciones. Colonia es muy conocida por su carnaval, que, curiosamente, tiene su arranque oficial el 11 de noviembre a las 11:11.

El viaje en tren desde Mainz duró menos de dos horas. La vía transcurre paralela al Rin, así q pudimos admirar muchos de los castillos que se encuentran a sus orillas.

La llegada a Colonia es muy especial. Saliendo del vestíbulo de la estación central te encuentras cara a cara su monumento más famoso: su catedral.


¡Es inmensa! La entrada al templo es gratuita y en el pudimos ver las reliquias de los Reyes Magos y muchas otras obras de arte.  

Como nos sentíamos con fuerzas nos atrevimos a subir a lo alto de la torre (se necesita entrada) para tener buenas vistas. Son 509 escalones que hacen que te tiemblen las piernas al bajar.



Para cambiar de registro nos decidimos por un paseo a las orillas del  río. Cogimos el teleférico para cruzar el Rin hasta el Rheinpark y volvimos a callejear al casco antiguo de la ciudad cruzando el puente Hohenzollern antes de regresar a Mainz.





Esa era nuestra última noche en Mainz. Después de un día de intenso turismo fuimos a cenar al Weinstube RoteKopf. Este pequeño restaurante se encuentra situado muy cerca del museo Gutemberg, en una estrecha callejuela. Cuenta con un par de mesas en la calle y allí nos sentamos ya que la noche no era muy fría.

La cena consistió en Champiñones rellenos de queso de oveja y espinacas con patatas asadas; Cerdo con champiñones a la plancha, crema de vino y pasta alemana casera y Ternera braseada con vino y pasta casera alemana. Todo regado con buena cerveza. Buena comida a buen precio. Si que es verdad que los guisos en Alemania son más fuertes y mucho más especiados que los que se pueden probar en nuestra tierra. La salsa de la ternera no era de las que te dejan indiferente.




La última parada de este viaje será Frankfurt, ciudad de la que ya se ha hablado en este blog. Y ya termino esta entrada mandando un abrazo desde tierras riojanas a Naiara, que sigue investigando la gastronomía alemana... ¡y esperando nuestra próxima visita!

martes, 18 de septiembre de 2012

La cúpula del Rioja (fiestas de San Mateo 2012)

Esta semana del 15 al 22 de septiembre estamos de fiestas en Logroño. Como cada año, se celebran las fiestas de San Mateo y de la Vendimia. Y una de las actividades del programa a la que hemos podido asistir es esta cúpula del Rioja.


El espectáculo tiene lugar en el Centro de la Cultura del Rioja, edificio municipal situado en la calle Mercaderes 9, entre las calles Ruavieja y Mayor, muy cerca del Espacio Lagares. El edificio cuenta con una amplia sala de gran altura y en su cubierta, y adaptándose a la forma de la misma, se proyectan imágenes alusivas al proceso de elaboración del vino, acompañadas de música.



La proyección dura unos 10 minutos y resulta entretenida de ver, especialmente por lo espectacular del montaje. Se puede asistir todos los días de estas fiestas desde las 22 hasta las 0 horas, con pases cada 20 minutos.


 ¡Buenas fiestas de San Mateo a todos!

sábado, 15 de septiembre de 2012

Cata temática: La historia del vino en La Rioja

El martes 11 de septiembre, dentro del programa El Rioja y los 5 sentidos, varios epicúreos asistimos a una cata temática titulada La historia del vino en La Rioja. Dicha cata, con lleno absoluto, tuvo lugar en el Espacio Lagares, en la calle Ruavieja nº 20 de Logroño. También el jueves de la semana pasada hubo otra cata temática a la que no asistimos, pero de la que hemos conocido todos los pormenores gracias a un detallado relato en Bocados de buena vida.


El Espacio Lagares es un edificio de nueva planta, propiedad del Ayuntamiento de Logroño, que alberga y protege en su interior unos lagares encontrados tras la demolición del antiguo edificio en 2005 y ahora recuperados. Estos lagos ya figuraban en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1751, por lo que datan al menos del siglo XVIII. En el piso superior se ha construído una gran sala multiusos donde se celebró la cata.


Actuaba como narrador Carles García Domingo, mientras que la cata en sí estaba a cargo del enólogo Gonzalo Gonzalo, de alguno de cuyos vinos ya hemos hablado aquí.


Por el título pensábamos que íbamos a asistir a un recorrido por la historia de cómo fueron los vinos de Rioja desde sus orígenes hasta hoy. Sin embargo, lo que nos contaron es cómo fue la relación de las personas con el vino en distintos lugares del mundo y diferentes momentos de la historia.

Tanto el narrador como el enólogo adoptaron un estilo desenfadado y gracioso que mantuvo la atención del público y llegó a arrancar las carcajadas en varias ocasiones. Según nos explicaba García Domingo, la historia cambia mucho según quién la cuenta y en el fondo eso hace que nos plantee más preguntas que respuestas.

Por eso el relato comenzó con la pregunta de por qué el Islam prohíbe el vino. Tras seguir distintas menciones al mismo en el Corán que lo contraindicaban en según qué momentos puntuales pero no lo prohibían explícitamente, llegamos a determinadas interpretaciones, la más extendida de las cuales es la de que no se debe beber.


Situación contraria la de los romanos, quienes al parecer bebían vino a cualquier hora del día. Eso sí, "adulterado" de distintas formas con el añadido de diferentes sustancias dependiendo de la ocasión y del efecto buscado: desde miel hasta plomo fundido.

También escuchamos las interesantes historias de cómo algunos famosos vinos como los de Jerez, Oporto o Madeira llegaron a ser como los conocemos ahora gracias a alguna afortunada casualidad o descuido en su transporte o almacenamiento que les hizo tomar una evolución inesperada.

Pero entre historia e histora también fuimos probando vinos que Gonzalo nos comentó con un estilo directo y provocador que a nadie dejó indiferente. Para situar cada vino nos recomendó un esquema de dos líneas: la horizontal indicando de frío a calor o de acidez a alcohol y la vertical indicando de joven a viejo. Así se definen cuatro cuadrantes: fruta, levadura, madera y evolucionado. Los vinos catados eran todos de la bodega institucional de La Grajera, perteneciente al Gobierno de La Rioja.

El primero fue el Viña Grajera reserva 2006. Un tinto de tempranillo de color picota algo evolucionado con aromas de frutas en compota o manzana asada y sabor cálido.


El segundo vino fue un tempranillo blanco envejecido en barrica de acacia. Presentaba color muy pálido y aromas de fruta (intenso a pera) y levaduras. Por la acacia se esperaban aromas de palomitas, pero apenas tenía. Su acidez era baja, por lo que en boca podía recordar a un zumo de pera.

El tercero era otro vino blanco, un reserva 2007 de viura. Color dorado y aromas a reducción que se iban abriendo al oxigenarse, mostrando madera vieja ("de iglesia"). Expresivo en boca, recordando a frutas ácidas como el pomelo.

Terminamos la cata con otro tinto reserva aunque de 2007. Además de tempranillo llevaba graciano y mazuelo. De color cereza, menos evolucionado que el primero. Aromas terciarios a cuero ("coche antiguo"), fósforo (o pedernal), herbáceos, laurel. De más acidez que el primero que probamos, mostraba astringencia por la madera y se le veía potencial de envejecimiento en botella. Al hilo de sus comentarios el enólogo intercalaba descripciones tan precisas como desenfadadas de los términos utilizados. Así, describió acertadamente la astringencia como la sensación que deja en boca un té muy cargado.

Para finalizar con una nueva provocación, procedimos a adulterar al estilo romano uno de los vinos, el tercero en concreto, con un poco de jarabe de arce. Así obtuvimos una mezcla dulce en la que desaparecían las cualidades del vino, pero que también habría ocultado, de tenerlos, sus defectos.


En su despedida nos mostraron con cierta sorna el futuro del vino. Un futuro en el que uno mismo prepara el coupage más adecuado a cada ocasión siguiendo las instrucciones de una caja con tres grifos de tres variedades distintas de vino: castelao, cabernet y syrah. Según la ocasión, se añade más o menos proporción de cada una a la jarra donde se sirve el vino. Como dirían los romanos de hoy, se non è vero, è ben trovato.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Para las mesas de los reyes y los altares de los dioses.

La última proyección de la sección "Vino y Cine" de la edición 2012 de "El Rioja y los 5 sentidos" ha sido el documental «Para las mesas de los reyes y los altares de los dioses». Este largo título aparece en pantalla en latín: «Regum Mensis Arisque Deorum». Esta producido por Triano Media e Icaria Multimedia para el canal de televisión vasco Euskal Telebista y dirigido por Antonio Cristóbal y José Miguel Azpiroz. Fue presentado el pasado mes de junio en Haro y proximamente se emitirá por la televisión autonómica vasca.

Asistió a la proyección el cuadro técnico, en nombre del cual habló el guionista, Luis Vicente Elías. En su presentación nos avisó de que el documental nos iba a hablar de una tierra (Rioja), y no de regiones (Rioja Alta, Baja o Alavesa) y del vino como producto cultural y no como crianza, reserva o gran reserva. Nos contó que la grabación duró quince meses, siguiendo el año vinícola 2011 y se utilizaron los mejores médios técnicos disponibles. Participaron bodegueros, historiadores y artesanos; personas elegidas para hilar un documental con un fuerte contenido teórico. El soporte científico garantiza la solvencia histórica del resultado, en el que se aunan paisajes, trabajo y un producto del que se habla con pasión

Tras esas breves palabras de presentación, se proyectó la cinta, de casi ochenta minutos de duración. Y debo decir que respondió a las expectativas. Nos muestra la historia del Rioja contada desde los tiempos romanos y medievales hasta nuestros días. Lógicamente, con especial hincapié en la época de finales del XIX y principios del XX, cuando Rioja nace como marca vinícola internacional. La narración está bien acompañada por hermosas imágenes del Ebro, los viñedos, los pueblos y las bodegas. Aparecen también las diversas labores agrícolas y bodegueras que permiten el nacimiento del vino y escuchamos a las gentes de Rioja  hablando con pasión de su producto, de su tierra, de sus vinos.

La idea clave que nos transmiten es la de que el vino nace de la tierra. Son los suelos riojanos y los cuidados del viticultor los que crean un producto de calidad que, una vez en la bodega, se transformará en vino.

Al terminar la proyección comentabamos con extrañeza que no se menciona en el documental al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja. De hecho, no aparece (salvo despiste por mi parte) ninguna administración pública. Atribuimos esto a la "ideología" del documental, de la que nos habló Luis Vicente Elías en la presentación: el vino de Rioja es un producto de las gentes y de la tierra, no de marketing o de campañas oficiales. El "paraguas" de la marca Rioja ampara muchos vinos distintos, pero todos con un denominador común arraigado en la tierra que los vio nacer.