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domingo, 18 de noviembre de 2018

XIV Concurso Nacional de Pinchos y Tapas y II Campeonato Mundial de Tapas Ciudad de Valladolid

La semana pasada se celebró el XIV Concurso Nacional de Pinchos y Tapas Ciudad de Valladolid 2018, junto con el II Campeonato Mundial de Tapas Ciudad de Valladolid 2018. Se trata de un evento muy agradecido para el público, pues es posible probar todas las tapas presentadas gracias al hermanamiento de los participantes con los diversos bares de la ciudad. Como eso nos encanta, pues allí fuimos el pasado domingo, como ya hemos hecho en otras ocasiones.

Al ir un sólo día y con el tiempo limitado por el horario de los establecimientos, es aconsejable quedarse por la zona donde hay una mayor concentración de participantes. Así y todo, nosotros pudimos probar la mayoría de tapas que quisimos conocer y disfrutar de una gran comida nacional e internacional.

Comenzamos por el bar María Eugenia, hermanado con La Trastienda del Cuatro de Vigo, Pontevedra. La tapa se llamaba Salmón marinado, ciruela asada, su jugo y yogur de pepinillos. Una combinación original, aunque la ciruela nos pareció poco (o nada) asada y su acidez no nos encajaba con el marinado del salmón.


Justo al lado está el Caroba con un hermanamiento nacional, el Restaurante El Manantial en el Balneario de Solares, Cantabria. Presentaban El indiano de Cantabria, una anchoa del Cantábrico con gelatina de vino dulce, caviar de queso ahumado, guacamole y mermelada de piquillo sobre una tortita de maíz. Ganó el premio Mejor concepto de tapa nacional.


También tenían un hermanamiento internacional con el Ramen sushi de la Ajillo Association de Japón. Maki de buey relleno de tempura de langostinos, fideo ramen y salsa teriyaki, acompañado de crema de gambas. Una combinación sabrosísima que nos encantó.


En el cercano Carminna también tenían dos hermanamientos. Lamentablemente aquí terminaron la semana del concurso un día antes que los demás, así que no pudimos conocer ni Mi menestra de verduras del Hotel Begoña de Gijón, Asturias, ni la Gyoza de bacalao al pil pil del Roots Coruña. Una pena.

En el bar La Cotorra nos esperaba uno de los pinchos que más ganas teníamos de probar. Con El hortelano volvimos a disfrutar de la cocina de Miguel Espinosa, a quien recordamos del Café Rioja y las Jornadas de la Verdura de Calahorra. También le recordamos en su etapa del National Geographic Store de Madrid porque tuvimos ocasión de verle preparar su premiado Planeta Marte en El Arriero de Sorzano. En esta ocasión venía por El Albergue de Calahorra, La Rioja, con un delicioso ravioli de verduras sobre torrija y crema de zanahoria.


Nuestra siguiente visita fue para probar nada menos que el ganador de este año en el Concurso Nacional. El bar La Teja es complicado por la cantidad de gente que atrae. Sin embargo nos atendieron muy bien y pudimos disfrutar de la maravilla que es La mar de pincho, presentado por el restaurante Casa Pedro de Zaragoza. Falsa concha rellena de un guiso de mejillones y erizo, emulsión de mejillones en escabeche y espuma de mar. Riquísimo. Cabe también recordar que ya en 2015 se habían llevado el premio tradicional.


En La Garrocha se había terminado la Gamba en salsa de chupe procedente del Truck Park de Lima, Perú. Sí que pudimos disfrutar el Okonomiyaki de pulpo a la gallega del madrileño La Gastro by Chema Soler. Una interesante combinación del okonomiyaki, especie de pizza japonesa, con nuestro tradicional pulpo a la gallega.


No podíamos dejar de visitar Los Zagales, uno de los bares de tapas que más nos gustan en esta ciudad y ganador de numerosos premios, aunque en esta ocasión no fuese para probar uno de sus pinchos. Estaban hermanados con el Restaurante Vidocq de Formigal, Huesca, con su tapa River&chips. Sin embargo, las normas del concurso dicen que, una vez conocido el ganador, los establecimientos colaboradores pueden también, si así lo desean, preparar su versión del mismo durante el resto de la semana. Y eso es lo que nos sirvieron: La mar de pincho en versión Los Zagales.


Ya con el horario de mediodía más que cumplido recalamos en el Ole con ole para finalizar nuestra ruta de pinchos. El Mesón Los Madroños de Cortelazor, Huelva, trajo una muestra de las carnes a la brasa por las que es conocido, en unas sabrosas bolitas llamadas Madroño ibérico.


Así fue nuestra visita a Valladolid en esta ocasión tan especial y que tanto disfrutamos. Ahora nos quedan las ganas de volver en otro momento para poder comer las tapas de los propios bares que hacían de anfitriones y que también merecen la visita.

sábado, 28 de enero de 2017

Unos días por Jaén

Hace un tiempo tuvimos ocasión de conocer esta gran ciudad. Sí, una gran ciudad histórica, ya que fue la capital del Santo Reino. Jaén es, como indica su escudo, "Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda y Defendimiento de los Reynos de Castilla". Podemos dar constancia de ello recorriendo sus empinadas y estrechas calles, visitando su Catedral, o numerosos monumentos que nos lo recuerdan, como su castillo.
Comenzamos nuestro periplo en Madrid. Viajamos en bus durante cuatro horas con una pequeña parada técnica para almorzar, se nos pasó muy rápido. Hacía mucho que no hacía un viaje de estas características. A mí lo que me gusta de los viajes en bus es ver cómo cambia el paisaje, no me canso de mirar por la ventana. Pasamos de una gran ciudad, con sus áreas industriales, a la meseta de Castilla La Mancha, con sus grandes y extensos campos de viña y cereal.

Pero fue llegar al Parque Natural de Despeñaperros cuando empezó a cambiar la cosa. Al otro lado del túnel nos esperaba todo un bosque de pinos, enebros, etc. estaba todo verde y ¡precioso! Sin duda a la próxima, habrá que hacer algo de senderismo por aquí. Nos quedaba una hora para llegar al destino y pronto nos dimos cuenta de otro cambio de paisaje. Pasando Bailén ahora todo lo que se veía era olivos y más olivos. Cerca, lejos, a un lado y al otro, todo lleno de filas y filas de olivos, una pasada. 
En la estación nos estaban esperando nuestros amigos, está genial tener unos guías locales como ellos.

Lo primero que hicimos fue visitar la Cooperativa San Juan, la principal almazara de la ciudad y de la provincia. Allí hicimos apetito y fuimos a comer. Nos tenían preparado, entre otras cosas, el plato estrella de la gastronomía típica, la pipirrana, que es una rica ensalada de tomate.
Esa misma tarde subimos al Castillo de Santa Catalina. El precio de la entrada eran 3,50€. Se trata de una gran fortaleza en la que se pueden visitar todas sus torres, y gracias a sus audiovisuales y sus paneles puedes hacer una visita rápida pero muy interesante. Desde lo alto del cerro se tiene una gran vista de la ciudad, sobre todo saliendo hacia lo alto de la cruz. Junto al Castillo se construyó en los años 60 el Parador Nacional, aunque parece que sea parte del castillo, en realidad no es así. No tardamos en entrar y ver el interior mientras tomamos un café.


Cuando bajamos fuimos directamente a conocer la parte nueva de la ciudad, un gran parque junto al boulevar. Y antes de cenar, teníamos preparada una visita nocturna un tanto especial.
Partimos esta visita en la Iglesia de San Ildefonso. Cláritas es quien se ocupa de este tipo de visitas (entre otras muchas) y por un precio de 10€ hicimos un recorrido de dos horas por la ciudad. Nuestro "Paseo de ultratumba" fue espectacular. Entramos a las catacumbas de San Ildefonso, la plaza de la Catedral, el Callejón del Duende, el Callejón y Plaza de la Merced, el Arco de San Lorenzo, el Refugio antiaéreo y la Plaza de San Bartolomé con su Casa del Miedo. En cada parada nos iban contando historias un tanto inquietantes. Pero nos gustó muchísimo, totalmente recomendable. Para acabar, entra una consumición en Los Barriles. Y como es Jaén, bebida y tapa gratis. Así, sí.


Pero se nos había hecho un poco tarde y decidimos ir a El Calentito a probar un flamenquín tamaño XXL y unas croquetas muy ricas.
Para ir entrando en contacto con la noche jienense, fuimos a un local muy curioso, la Sala de estar. Para después recorrer algún que otro bar por el centro.

Al día siguiente, teníamos recorrido diurno por el casco histórico de la ciudad. Pero había que coger fuerzas y, como era domingo, nos tomamos un chocolate con churros en El Parque. Y menos mal, porque Jaén, si no lo he dicho antes, tiene un montón de cuestas. Fuimos por el barrio de la judería y entramos a la Iglesia de San Andrés y San Juan.
En el Palacio de Villadompardo se encuentran los Baños árabes. Todo el edificio es un museo y está realmente completo. Además, hay una gran terraza-mirador desde el que se ve el castillo, la catedral, todas las iglesias, etc. Los Baños son fantásticos, se conservan prácticamente en su totalidad, además, hay algún video en el que explican su construcción y funcionamiento.


Tras la larga caminata, era hora de comer. Fuimos al Bomborombillos, que por lo visto, significa subir a los niños a los hombros, y allí nos pusimos las botas. Pedimos unas raciones porque se nos hacía tarde y cada vez que pedíamos otra consumición, pues otra tapa. Todo riquísimo.
Patatas bravas con fresa, Alcauciles, Bocatas de calamares, Arroz negro, Vulcanitos de trucha y Mini hamburguesas Thai. Para hacer la digestión, nos acercamos a la terraza del Montelado, a probar un café frappelado.



Ya por la tarde tocaba el turno de la Catedral. Nos decantamos por la opción de la audio-guía, un acierto. En la visita es posible subir a la zona de balcones de la fachada y ver el Ayuntamiento enfrente. Y seguimos callejeando y visitando jardines y parques. Muy agradable el paseo.

 
A la hora de la cena nos acercamos a La Comba. Me resulta muy curioso que como aperitivo sirvan en todos los bares aceite para untar. Pedimos Secreto ibérico y albóndigas. Y en La Manchega unas patatas ali-oli. La noche acabó en La Novena, que es la terraza del Hotel Condestable de Iranzo, tomando alguna copa y charlando entre amigos.

Al día siguiente, desayunamos tostadas con tomate y aceite, y es que no hay mejor manera de coger fuerzas que con un desayuno así. Antes de marchar, nos dio tiempo para visitar el Museo Provincial lleno de piezas íberas y romanas. Realmente interesante conocer un pedacito más de historia del lugar.


Y con todo esto, sólo queda agradecer a nuestros amigos por la organización de un fin de semana genial. Nunca habíamos estado en Jaén, y lo cierto es que nos gustó muchísimo. Habrá que repetir.

jueves, 23 de junio de 2016

De pinchos por Bilbao (otra vez)

Ir a Bilbao siempre es una ocasión para disfrutar de sus pinchos, particularmente por la zona vieja, como ya hemos contado otras veces. Esta vez íbamos a catar vinos en el Salón Selección Guía Peñín, pero también hubo tiempo para visitar unos bares de la Plaza Nueva.

Comenzamos en el Café Bar Bilbao, un local histórico (data de 1911) bien cuidado y con una gran barra de pinchos. Ya lo hemos visitado antes y por eso quisimos volver para probar esta vez su croqueta de chipirón y su "revoltijo" de jamón y queso. Otros pinchos de su carta aquí.


Seguimos por el Bar Urdiña, acogedor local en que observamos una barra con mucha variedad de pinchos, destacando fritos y bocatitas. Nos decidimos por unos riquísimos crêpes de espinaca con bechamel, jamón y tomate.


En el Zaharra encontramos un bar con el espacio muy bien distribuido. Una barra en varios pisos con tortillas y bocatitas variados y una interesante selección de vinos. Lo que más llamó nuestra atención fue el taco de bonito de Ondárroa, servido con aceite y módena. De-li-cio-so.


Terminamos por esta vez en La Olla de la Plaza Nueva, restaurante con bar de pinchos. Local amplio y con mucho donde elegir. Aquí probamos un muy buen bacalao al pil pil y un pincho de queso brie.


Este establecimiento ganó en 2015 el premio Palillo de Oro al "mejor establecimiento de pintxos" del Concurso de pintxos Bilbao Bizkaia. Un vistazo a una parte de su barra nos hace ver unos cuantos buenos motivos.


sábado, 21 de noviembre de 2015

XI Concurso Nacional de Pinchos y Tapas - Ciudad de Valladolid

No nos hace falta pensar mucho para decidirnos visitar Valladolid, y más aún cuando se celebra su Concurso nacional de pinchos y tapas. Ya nos aventuramos hace unos años cuando dimos rienda suelta a nuestro paladar para probar todo aquello que pudimos. Como introducción, comentar que cada establecimiento vallisoletano se hermana con los restaurantes y bares de otras provincias y comunidades autónomas que participan en el concurso. Los pinchos tienen precio único de 1,80€.
Esta vez lo teníamos claro, había que probar esos pinchos ganadores. Bajo el hagstag #CNPValladolid2015 estuvimos twitteando en directo nuestro recorrido por las calles pucelanas.

La primera parada fue en el Aquarium sabores,  Premio vanguardista gracias a su pincho Street-Food. Tosta de pan con mayonesa de escabeche, gelatina de atún rojo, algas y mezclum de lechugas. Especial mención a su bebida de acompañamiento, el Street-Drink, que era un vermú blanco con zumo de naranja y albahaca. El padrino en esta arrocería fue el Ábaco de Huarte (Navarra)


Avanzamos hasta la plaza Santa Brígida para probar el Lechazo Taj Mahal en el Don Bacalao, que fue el Primer premio. Aquí tenéis la receta y un pequeño vídeo de elaboración por parte de la cocinera. El bar no es muy grande y estaba lleno de público, de ahí que no pudieran servir el pincho en su pequeño elefante, no obstante, no defraudó para nada el pincho.


A La Tahona nos dirigimos seguidamente para conocer esa Raya 2015. Este establecimiento está repleto de pinchos, pero nosotros quisimos probar el Premio concepto. Se trata de una pasta wonton con tinta de calamar, algas, caviar de anchoas, puré de ajo negro y raya escabechada. Bar Restaurante Blanco, de Cangas del Narcea (Asturias), era el padrino.


No tardamos mucho en llegar al siguiente punto de la lista ya que lo teníamos al otro lado de la plaza. Se trata de La Teja, donde probamos su Canelón de pintada, trompeta negra y salsa de boletus. Bajo el hermanamiento de Casa Pedro, en Zaragoza, se llevó el Premio tradicional. Quizá un exceso de bechamel hizo que no resaltase el sabor de la pintada.
El Segundo premio lo obtuvo el Caroba, gracias a su Ovni de cochifrito. Se trata de cochinillo frito sobre una oblea, idea de The Westin Palace (Hotel Palace) de Madrid.


De la mano del Hotel Restaurante Atrio de Cáceres, probamos A huevo!!! en el Wabi-sabi, una taberna japonesa muy curiosa. Para comer esta tapa hay que empezar por la yema seguida de la clara.
Y, cómo no, no podíamos dejar de ir a Los Zagales para probar ese otro Segundo premio. Su Copa y puro no nos dejó indiferentes. Era un tartar de sardina con cebollita dulce, tomate, albahaca, trufa, aceituna negra, queso y agua de tomate. Y no, no es lo que parece.


El Premio aceite de oliva lo ganó el Arriero Tapas de Sorzano (La Rioja), así que nos fuimos hasta el Ágora para probar esa Bifana Macao, que era Pan bao con cococha al pil-pil.
En La Parrilla de San Lorenzo presentaron Aitona, de la mano de Danako de Irún (Guipúzcoa). Es un rollito de pasta wantoo relleno de chicharrón en escabeche elaborado a baja temperatura con pimientos del piquillo y verduras escabechadas, sobre falsa ceniza, flores y mousse de queso de cabra. La presentación está acompañada de un ahumado con vino y serrín de sarmiento, pero no fue tan espectacular como en la idea original.


Acabamos nuestro recorrido en el Belmondo, donde probamos Pan con Pan, un brioche con papada, carrillera, mostaza, trufa, mozzarella y refresco de cola, eso sí, en un tupper ideal para la merienda. También tenían otro pincho, el Octopus Birth de la Granota Restaurant de Moncofa (Castellón).


Y hasta aquí llegamos con nuestro paseo express por el centro de Valladolid. A pesar de la niebla y la humedad en el camino, pudimos llegar a probar todos los pinchos premiados, incluso alguno más que también mereció la pena. Sin duda una gran oportunidad de probar la gastronomía en miniatura de todos los rincones del país.

martes, 30 de junio de 2015

XV Jornadas Gastronómicas de Aranda de Duero


Un año mas, volvimos a acercarnos a Aranda de Duero para disfrutar de las XV Jornadas Gastronómicas. Después de la buena experiencia del año pasado no podíamos faltar. Fue difícil elegir el cual restaurante comer, ¡el listón está muy alto! Al final nos decidimos por el Asador Casa Florencio, situado en la calle Isilla, en el centro de Aranda. 


Comenzamos con una Crema vichysoisse con boletus y virutas de lechazo. No muy fría y de sabor suave. Continuamos con un Rollito crujiente de lechazo con crema de manzana asada, muy buena combinación de sabores.



Seguimos con unas Lecheritas con yogur árabe. Hasta los no amantes de la casquería tuvimos que reconocer... ¡Que estaban muy buenas! Por último, y como anunciando el plato principal, una Terrina de lechazo con crema fría de ajos y cous-cous de verduritas. 



No tardó en llegar el lechazo asado con la piel bien crujiente y la carne muy tierna. Lo acompañamos con una ensalada de lechuga de Medina y cebolla. En la foto vemos el lechazo ya partido. El vino que tomamos fue un Monteabellón Crianza 2012.


De postre tomamos esta torrija caramelizada con crema de almendras y chupito de canela. Para terminar licores, cafés y unas galletitas, todo incluido en el menú, que costó 37 euros por persona. Muy buena relación calidad precio. Y nos regalaron una morcilla de El Revillano a la que habrá que hincar el diente pronto.



Aparte de este homenaje en las Jornadas Gastronómicas  tuvimos tiempo de ir de pinchos.

Volvimos a Lagar de Isilla, un viejo conocido. Y es que ese pincho de bacalao bien merece mas de una visita al lugar. ¡Sin desmerecer al resto, que también estaban muy buenos!



En el mismo Casa Florencio disfrutamos de estos pinchos con unos vinitos. Pulpo, langostinos...


Muy recomendable también es La Pícara, recién abierto en la calle de Santa María, al lado de la iglesia. Muy moderno, su decoración nos encantó y sus pinchos también.


Y, por fin, pudimos ir a Los Rastrojos. Este año “El huevo de Vidal???” se llevó el premio "Tapa de Oro". Muy bien presentados, muy elaborados ambos pinchos y muy bien fusionados los diferentes ingredientes. Fuimos con muchas expectativas y marchamos muy satisfechos.


Y antes de volver a la tierra, comida en la casa vieja. No pudimos terminar la cazuela de conejo a la prebe, pero dejamos los platos relucientes untando salsa con la torta de Aranda. Al final, la comida mas sencilla es la que mejor sabe.


No puedo terminar esta entrada sin darle las gracias a Mirella por organizar este gran fin de semana.¡Nos vemos muy pronto!